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EL AUTOCONOCIMIENTO CRISTIANO

En esta ocasión hacemos una reflexión de nuestra experiencia espiritual cristiana con una de las expresiones más importantes de la inteligencia emocional: el autoconocimiento


«Con mucha frecuencia el ser humano no se conoce a sí mismo. Víctima de la negligencia y de la improvisación, alardea de sus carencias y desespera de sus posibilidades. Sólo en la prueba, cuando se da un cuestionamiento urgente, logra conocer la verdad sobre sí mismo» (SAN AGUSTÍN
Nuestro camino de fe nos tiene que llevar al encuentro con Dios, pero ese camino comienza y se encuentra desde el conocimiento de nosotros mismos: deseos, valores, anhelos, comportamientos, pensamientos, emociones, etc... es imposible llegar a nuestra meta de cristianos sin conocernos, no podremos cumplir la voluntad del Padre sin saber quiénes somos. Tomar conciencia de nuestras posibilidades, defectos y habilidades, conocer lo que soy y lo que puedo ser...Jesús nos dice que amemos al prójimo como a uno mismo, no en vez de uno mismo, por ese motivo conocerse para respetarse, amarse y valorarse y desde este conocimiento amar a los demás. Huir del EGO y centrarse en el YO presente y en el ahora.

¿Por qué reacciono de ese modo? ¿Por qué soy así? ¿Podré cambiar? Son algunas de las preguntas que alguna vez pueden asaltarnos. A veces, nos las planteamos respecto a los demás: ¿por qué tiene ese modo de ser?...

El autoconocimiento y la aceptación darán la seguridad y equilibrio para no desanimarte en lograr nuestro crecimiento espiritual. Esto implica reconocer que podemos llegar a la santidad poseyendo una personalidad auténtica, y lograda desde la lucha paciente de cada día, sabiendo reconocer los errores y pidiendo perdón.

Si queremos llegar a ser más como Cristo en nuestras vidas, nuestro caminar diario debe ser modelado después de Él.  “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” (1 Juan 2:6).

No conformarnos con ser de cualquier manera, debemos ser auténticos, generosos, pacientes, serviciales, amar con todo el corazón a Dios, a los hermanos y a nosotros mismos.


El verdadero discípulo de Jesús sabe que su crecimiento hacia la madurez en Cristo no es una emoción pasajera, sino una decisión hecha con todas las fuerzas del espíritu, del alma y del cuerpo.

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